Lassalle Ruiz, José María
López Iglesias, Germán Augusto
Ábalos Meco, José Luis
Aguilar Rivero, Rosa
Alegría Continente, María Pilar
Campuzano Canadés, Carles
Xuclà i Costa, Jordi
Nuet Pujals, Joan Josep
Ortiz Castellví, Laia
Sixto Iglesias, Ricardo
Son diputados del Congreso. Ellos deciden diariamente las leyes que regirán tu futuro mañana. A los diputados yo los veo como gatitos chinos de la suerte. En la lista hay tres populares, tres socialistas, tres nacionalistas catalanes y tres de la izquierda nacional. Si has votado en las últimas elecciones muy posiblemente lo hayas hecho a una de esas 4 corporaciones así que es posible que alguna responsabilidad tengas de que ellos estén ahí.
Pero lo cierto es que seguramente no te sonará ninguno, ni por asomo. ¿Tiene eso sentido? ¿Quienes son nuestros diputados? ¿Cómo sabemos cómo nos representarán si no sabemos quienes son ni qué tipo de vida llevaban antes de entrar en política? ¿Eran empresarios? ¿Trabajadores? ¿Funcionarios? ¿Han trabajado alguna vez? ¿Acaso sabemos lo que piensan sobre los temas que nos afectan? ¿Quienes de ellos apoyan la ley actual del aborto? ¿Quienes apoyaron la guerra contra Sadam? ¿Quiénes han estado en Bankia como asesores? ¿Cuales de ellos han apoyado indultos de compañeros sentenciados chorizos por los tribunales? Que no sepamos esas cosas significa que no hacemos nuestros deberes como ciudadanos.
Pero no todo es culpa nuestra ya que realmente de nada nos sirve conocerles o no. Nosotros no tenemos ningún poder de decisión sobre quienes han de ser nuestros representantes. Aunque en las papeletas de las elecciones nos presentan una lista con sus nombres de nada nos sirve. Los partidos pueden cambiar dicha lista a su antojo. ¿Para qué nos van a decir nada si los diputados son meras herramientas de los partidos? Un ejemplo es la comunidad de Madrid. ¿Alguien votó al actual presidente de la comunidad o a la actual alcaldesa?
Volviendo a los diputados, no están ahí porque se hayan ganado a pulso la confianza de sus electores, están ahí porque alguien de su partido les quiere bien y les ha puesto en una buena posición dentro de la lista. Que tienen el puesto asignado a dedo, vamos. Y obviamente el favor de haberte conseguido un trabajo que no te has ganado tú si no que te han regalado hay que devolverlo en forma de apoyo incondicional al partido. Aunque legalmente los diputados tienen libertad de decisión sobre sus votaciones el 100% ejercen como meros ejecutores de las órdenes del partido ya que si no lo hacen son sancionados y sus partidos pueden decidir expulsarles sin más. Así que como ni los elegimos nosotros ni votan en conciencia ¿Qué más nos da el tipo de personas sean y lo que hagan en el Parlamento?
Y ahí es donde llega la explicación de lo de los gatitos chinos. Seguro que sabes al tipo de gato al que me refiero. Son esos gatos dorados que suelen estar en las tiendas dirigidas por chinos. Esos gatos se pasan la vida subiendo y bajando la patita intentando atraer la suerte del dueño del negocio. Da igual que sea un hombre bueno o un auténtico crápula, el gatito se pasa el día subiendo y bajando la mano buscando la riqueza para quien lo puso allí. ¿No me digas que no te recuerdan a un diputado español? No piensan, no hablan, no razonan... se limitan a estar presentes y hacer su labor, cumplir las expectativas de sus dueños. La única diferencia es que a los diputados se les pide que pulsen botones pero tampoco es que lo tengan que pensar demasiado. Se les dice el color y ellos, obedientes, suben y bajan la mano para pulsar el botón que toca. Luego se van a casa contentos por haber cumplido con su cometido para con el partido.
Para los que como yo no creemos en eso de la buena y la mala suerte tener en casa un gatito chino moviendo el brazo mecánicamente es un absurdo. Hace tiempo que tener diputados me parece exactamente lo mismo.

