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lunes, 2 de marzo de 2015

Le llamaban Fado

No recordaba desde cuando le llamaban Fado. No le gustaba pero nadie que le hubiese conocido en los últimos años sabía otra forma de llamarle. Pocos conocían que su verdadero nombre era Javier, Javi para su madre y sus hermanas. De hecho hacía años que nadie le llamaba Javier, aquello era un accidente en su carnet de identidad. La última persona que le llamó así fue la profesora de aquel colegio del que salió sin terminar los estudios de educación básica. De aquello hacía tanto. Fabiola ni siquiera había nacido y ya hacía unos meses que se había convertido en toda una mujer.

Ser el único hombre en una familia con seis mujeres le había convertido en un mimado. Su madre se desvivía por él y sus hermanas no eran menos. No digamos ya su hija quien incluso en aquellos momentos de pubertad estaba platónica y complétamente enamorada de él. Era el rey de la casa. Ni siquiera le reprochaban que siendo el único hombre no llevase un salario fijo a casa. Tampoco le reprocharon nada cuando decidió asumir su responsabilidad para con Fabiola el día que su madre les anunció que estaba preñada. Fabiola llegó a su vida como llega el otoño a aquél laberinto de chabolas destartaladas, sin grandes cambios pero sabiendo que lo bueno del verano se había acabado y que pronto llegaría el mal tiempo. Aun así Fado no tuvo ninguna duda sobre lo que tenía que hacer. Con catorce años tampoco es que se sepa muy bien qué te deparará la vida de padre de familia pobre en Ecuador pero Fado pensó que aquello no podía ser más difícil que aprender las dichosas ecuaciones del colegio. Por eso convenció a su madre para que aceptase que Jomara y Fabiola se quedasen a vivir con ellos.

Jomara los abandonó dos días después de que Fabiola cumpliese su cuarto cumpleaños. Dejó a la niña y a su padre comprando en el mercado, dijo que iba a buscar algo que se le había olvidado y no supieron más de ella. Llamó varios meses después. Había conseguido llegar ilegalmente a España y no pensaba volver. Sólo quería saber si podían enviarle algo de dinero. Debía mucho a quienes la llevaron de Guayaquil a Barcelona y los trabajos que conseguía no le permitían vivir y cancelar su deuda al mismo tiempo. Fado no contaba con dinero para mandarle pero consiguió que unos primos que residían en Valencia le prestasen algo "para ir tirando". No debió ser suficiente porque volvió a llamarle varias veces pero ya no pudo hacer más por ella. Fado supo al poco tiempo que ejercía de puta en El Rabal de Barcelona.

Su hermana mayor también se marchó. Ella sí se despidió, de todos sin excepción pero en especial de él. Fue difícil para ambos. Se llevaban tan sólo 11 meses de diferencia y siempre habían sido uña y carne para todo. Sarai había encontrado a un enfermero argentino que le ofrecia pasión y conocer la Pampa a la grupa de su moto. Ella pensó que su vida no podía empeorar mucho más en los brazos de aquel hombre mucho más de lo mala que ya era y se fue con él. Fado le entregó antes unos cuantos dólares que consiguió haciendo un par de "recados" como a él le gustaba referirse a las veces que conseguía trabajo recolectando marihuana. No pagaban mucho pero se podía quedar con algunas flores y eso le daba para algún capricho y varias tardes de tranquilidad. Aquella vez lo vendió todo para darle el dinero a Sarai mientras le decía: "Guardatelo bien. Si te cansas de él o te pega, te vuelves en el primer tren". Se despidieron con un llorado beso en los morros.


Consciente como era de que su vida no había sido un camino de rosas no vivía preocupado por ello. Su madre  y sus hermanas tenían salud, su hija, preciosa, estaba a punto de terminar los estudios que él no pudo y en lo personal desde hacía meses se estaba beneficiando a una forestal de Alobamba que tenía las tetas más deliciosas que jamás había probado. Una vez un amigo le dijo lo que eran los fados y no le gustó pensar que su apodo tenía alguna relación con lo que había sido su vida. Desde entonces siempre quiso que le hubieran llamado de cualquier otra forma.


Una día, muy temprano, consiguió que le firmasen un contrato como conductor de reparto de una camioneta de bebidas. Tendría trabajo los próximos seis meses. Fue a comprar un cochino y unas habas para hacer un hornado en casa, la comida favorita de Fabiola. A la tarde su hermana llamó a casa para decirles que ella y el argentino estaban bañándose en Lago Pelegrini, en Cinco Saltos. A la noche, en casa de la forestal, en su cama, mientras disfrutaba de sus deliciosas tetas, justo en aquel preciso momento, decidió no volver a atender a aquel apodo de Fado. Aquel mismo día decidió, recordando su canción favorita de Elvis, que a partir de entonces le llamarían Bossanova.





viernes, 31 de octubre de 2014

Buscando la razón de aquel desastre

Aquello era demencial. Era imposible. Inconcebible. Toda la fachada del colegio se había derrumbado. Las cinco plantas habían caído como un castillo de naipes. Tenía que pasar el día de la inauguración. No antes y no después, que también era mala suerte. Antes quizás ni hubiese salido en la prensa. Después él ya habría cobrado las últimas certificaciones y el seguro sería quien tendría que hacerse cargo de pagar algo como aquello.

Pero allí estaba él, subido encima de un montón de escombros y con los ojos irritados por el polvo suspendido en un aire que cubría todo de un color gris ceniza. Por suerte el edificio se vino abajo durante la noche y cuando ocurrió no había nadie cerca. Ahora faltaban sólo unos minutos para las 7 de la mañana y los políticos aun no habían llegado. Sólo la policía, los bomberos y los primeros curiosos estaban en el lugar.

Tan sólo tenía unos cuantos minutos antes de que aquello empezase a llenarse de periodistas a los que seguiría la plana del ayuntamiento que venían a cortar la cinta inaugural y él aun no sabía cómo había podido ocurrir aquel desastre. Tenía que encontrar alguna explicación a aquello lo antes posible.


Se fijó en los forjados de última generación, ahora visibles, y no pudo ver nada extraño. Repasó los pilares hechos con materiales innovadores y todo parecía correcto. Dudó de las especificaciones técnicas de calidad del hormigón ultra rápido que usaron y llegó a la conclusión de que aquello no era la razón de semejante desastre. Nada, no había explicación alguna que explicase cómo un edificio ultra moderno como aquel, recién terminado, había acabado en el suelo el mismo día de su estreno.

Y accidentalmente se fijó en una ventana que aun se sostenía en la pared. Entonces lo vio. Vio que las gomas del aislamiento térmico eran de una calidad inferior que la que él había especificado en el proyecto. Aquello era categoría 3 cuando él siempre exigía categoría 4. Bufó, cogió su móvil, llamó a su secretaria y con un agudo chillido le espetó a la pobre mujer:

- ¡Ponme ahora mismo con los cristaleros de la obra del colegio!

- Ahora mismo, señor Calatrava - contestó ella asustada como siempre -.




miércoles, 29 de octubre de 2014

Por mi y por todos mis compañeros

- ¿El escondite? ¿Qué tiene que ver eso con lo que estamos hablando?

- Bastante. ¿No recuerdas cuando jugabas de chico? Tienes que recordar el espíritu de ese juego. Los que no la pochában se enfrentaban a la dificultad de superar en ingenio y rapidez al que se la ligaba, que tenía todas las de ganar en su misión de encontrar a los participantes. El reto era permanecer oculto hasta que veías la ocasión de llegar a casa y salvarte. Era todo un alivio cuando lo conseguías, significaba que en la siguiente ronda seguirías escondiéndote. Pero a lo que me refiero es a lo que pasaba si no lo conseguías, si el que se la ligaba te cazaba antes de que te pudieses salvar.

- Pues sigo sin ver la relación.

- Aquello significaba que dependías del último compañero que quedase vivo en el juego. Si tú eras ese último compañero eras la única esperanza de los compañeros caídos, todos esperaban que llegases a casa y tocases la pared al tiempo que gritabas aquello de "¡Por mí y por todos mis compañeros!". Si aquello ocurría se producía una algarabía y el juego volvía a empezar. - El abuelo suspiró un instante - Lo que quería decir es que hoy bastaría con que el espíritu de ese juego y de aquella frase fuera absorbido por todos nosotros y cuando viésemos que el vecino de al lado ha sido cazado por la adversidad lo rescatásemos al grito de "¡Por mí y por todos mis compañeros!". Si eso pasase otro gallo nos cantaría.

Juan permaneció ensimismado asumiendo las palabras de su padre hasta que su hijo Aarón los asaltó inquisitoriamente.

- Abuelo ¿me enseñas a jugar al escondite?

- Claro hijo, tú y tu padre esconderos que yo la pocho.





miércoles, 26 de febrero de 2014

¡Muera el ping pong!


Buenos días a todos los que se incorporan en este momento a nuestra cadena Telahinco.

Estamos en el Estadio del Congreso retransmitiendo este aburrido partido que determinará quién es el campeon mundial de ping pong del barrio de Chuscolandia. En estos momentos ambos contendientes se encuentran empatados. Quien gane este punto se adjudicará el torneo, que le da derecho al vencedor a pasarse el resto de lo que queda de año viviendo de gorra.

El ruso Yojar, del equipo de las gaviotas locas se dispone a sacar. Echa una mirada previa a la grada donde sus seguidores le jalean con obediencia y decisión.

Al otro lado de la mesa el kazajo Abaclabur se dispone a restar mientras sus seguidores, los capullos bermellones, contrarrestan los ánimos de las gaviotas a grito pelado con mucha disciplina de partido.

Yojar inicia el juego con una rápida declaración donde muestra los índices bursátiles al alza.

Abaclabur resta recordándo la falta de crédito en las familias.

Yojar responde con las portadas de los medios afines que anuncian que el fin del tunel está cerca.

Abaclabur golpea la pelota con una portada de prensa local que cita la bajada del número de afiliados a la Seguridad Social.

Yojar ignora el ataque con una pelota al filo de la mesa con los datos sobre macroeconomía.

¡Increible ataque de Abaclabur con un golpe rápido al fondo de la mesa donde muestra el aumento de la desigualdad en Chuscolandia!


La respuesta de Yojar, no por ya conocida, no deja de ser eficaz. Con un alto globo le recuerda a Abaclabur la herencia recibida. En la bancada de los capullos se murmura algo sobre que la herencia era compartida pero parece que Abaclabur no consigue oirlo, su respuesta no es efectiva dejando la pelota franca para que Yojar se recupere del ataque recibido.

Ambos contrincantes mantienen un largo peloteo sin que haya un claro dominador del encuentro. Mientras las bancadas siguen animando o abucheando según toque.

¡Atención! ¡Un espontáneo se ha colado en la cancha! No se le reconoce porque lleva la cara tapada con una Senyera. ¡Ha saltado sobre la mesa y ha atrapado la pelota! ¡Amenaza con no dejar continuar el partido si no le hacen caso en sus reivindicaciones! Dice tener todo un pais secuestrado como moneda de negociación. No llegamos a oirle bien porque parece que dice una cosa y la contraria, en función de a qué lado de la cancha esté hablando.

¡Otro espontáneo! En este caso se trata de una mujer vestida de rosa oscuro. No sabemos de quien se trata pero desde las gradas cuatro personas gritan al unísono "¡Asor! ¡Asor!" mientras levantan banderas también de color rosa. La mujer se lanza sobre el primer espontáneo y le arranca la pelota de las manos al grito de "¡Esta pelota es de todos!".. Ambos espontáneos se enzarzan y se golpean al tiempo que se revuelcan sobre la mesa. Tal es la virulencia que la mesa parece estar a punto de partirse en dos. En medio de la trifulca ambos expontáneos se caen de la mesa y en el golpe quedan los dos groguis dejando escapar la pelota. La pelota llega mánsa a los pies de un auxiliar de mesa. Se trata de un abuelete con cara simpática que obedientemente entrega la pelota al juez de silla al tiempo que le comenta lo mal escrito que está el reglamento de ese deporte y que según él deberían revisarlo todo, desde las dimensiones de la cancha al peso de la pelotita, que el tiene unos amigos, los zurdos arrejuntados, que sabrían darle mejores espectáculos a los espectadores. El juez lo ignora y decide reanudar el punto entregando la pelora al ruso para que vuelva a sacar. La inchada de los capullos grita en contra de la decisión del juez al tiempo que le acusan de estar vendido a las gaviotas locas.

Aun así el partido se reanuda. Yojar insiste en su estilo de saque y ataca a su contrincante mostrando las portadas del ABC donde se habla de la recuperación económica que está al caer. El kazajo se lo esperaba y saca las portadas de El Pais, donde se habla de deshaucios y desigualdad. Parece que esto va a seguir así un rato más.



Los cruces de pelotas son constantes pero el partido sigue su tónica aburrida y sosa, sólo alterada por los ronquidos de los dos espontáneos que continuan dormidos en el suelo y por ciertos gritos que llegan desde lo más alto de la grada, donde se encuentra un grupo variado de aficionados. Se oyen frases en vasco que hablan de no se que "desarme de pacotilla" (sic) al tiempo que en acento gallego se oye algo de "pais del carayo" (sic).

¡Ojo! ¡Tremendo error del ruso que lanza una debil dejada sacando el tema de la corrupción! La pelota es franca para que el kazajo termine ganando el punto y llevándose la victoria. ¿Pero qué hace Abaclabur?  ¡Se ha entretenido ocultando no se qué de de unos eres en Andalucía! Al final se ha limitado a devolver la pelota sin mayor complicación ni beneficio.

Mucho nos tememos que el partido continuará así por mucho tiempo. El técnico de cámara me dice que está hasta los cojones del partido, que esto no termina nuca, que al final nuca pasa nada y que nosotros tenemos cosas que hacer por lo que dejamos aquí la retransmisión para pasar a ofrecerles toda una primicia. Les vamos a emitir el apasionante debate entre forofos del enésimo partido de fútbol entre albos y rallados donde se discutirá sobre el precio que se pagó por no se qué cosa que no está clara y que tú más, pues anda que tú....






martes, 18 de febrero de 2014

Rodrigo "el putero"


Rodrigo se había decidido. Hoy se sinceraría con Virgilio y le revelaría su condición de gay.  Estaba harto de que él fuese el eterno juguete del pimpampum entre los amigos cuando se ponían a relatar sus historias de conquistas mujeriegas. Todos tenían sus historias pasadas y presentes con mujeres de todo tipo, todos menos él. Todavía se ríen contando que ni siquiera cuando se organizó aquella caravana de mujeres que llenó el pueblo de laca y pintalabios durante dos días se le pudo ver con una conquista.  Él sabía perfectamente la razón de aquella ausencia femenina en su vida pero era un secreto que no podía confesar a nadie. A nadie menos a Virgilio.

Virgilio y Rodrigo eran amigos desde siempre. Le llevaba dos años de diferencia con lo que para él siempre fue una especie de hermano mayor. Fue Virgilio quien le enseñó casi todo lo que él sabía. Haberse quedado sin padre a temprana edad y no tener hermanos mayores le empujó a buscarse la vida por sí mismo pero por suerte siempre pudo contar con la ayuda de su amigo. 

Junto a él aprendió a cazar ranas. Se tomó el primer chato de vino en casa de Virgilio y más tarde, detrás de la tapia de la escuela, descubrió lo mal que le sentaba aquello de fumar. Incluso se iniciaron juntos en el tema del baile con chicas, siempre durante las fiestas del pueblo. Eso sí, mientras que Virgilio siempre le contaba al día siguiente cómo había terminado en algún rincón secreto metiendo mano a la fresca de turno él siempre terminaba volviendo sólo a casa, eso sí, con dos vinos de más que le permitían ocultar socialmente sus dudas internas.

A lo largo de su vida sólo tuvo una relación sexual que no fuera consigo mismo. Fue durante el año que estuvo haciendo la mili en Madrid, y lo hizo con otro soldado, un chico de Granada. Aquello duró justo los seis meses que estuvo destinado a Cuatro Vientos y con el mismo secreto que empezó se terminó y no volvieron a saber nunca más el uno del otro. Después de aquello Rodrigo regresó a su pueblo a dedicarse al cultivo de sus olivos y nunca más volvió a tener una relación. De ningún tipo.

Lo cierto es que en el pueblo tiene fama de putero. Todos le han visto entrar y salir de cualquiera de los 3 puticlubs que hay en las cercanías. Algunos bromean en el bar mientras cuentan lo bien acompañado que se lo habían encontrado en la barra de alguno de aquellos tugurios. Lo que no sabían es que Rodrigo  siempre esperaba a que entrase algún conocido que lo reconociese para decidirse a subir a la habitación con alguna chica. Así sabía que luego se comentaría entre los hombres del pueblo. Lo que los del pueblo no sabían era que Rodrigo pagaba a aquellas mujeres sólo para que subieran con él. Luego nunca pasaba nada, charlaban un rato, bebían alguna botella y Rodrigo se terminaba duchando sobre limpio antes de bajar de nuevo al bar.
Así llevaba ya más de cuarenta años y tras mucho darle vueltas a la cuestión se había convencido de que, a los sesenta, bien se podría arriesgar a decírselo a Virgilio. Virgilio tampoco tenía pareja estable, cosas de la vida, pero todos sabían que había tenido varios amoríos con chicas, la última ocasión con una colombiana de las que vinieron en la caravana. Aunque a la mujer le gustó el pueblo la cosa no cuajó y terminó volviéndose a su país en cuanto tuvo oportunidad, dejando a Virgilio de nuevo sólo. 

No sabía cuál sería la reacción de Virgilio cuando se lo confesase pero si se lo tomaba a mal y termina contándolo por todo el pueblo sabía lo que ocurriría. El rechazo del pueblo sería unánime. Si por algo montó durante años aquel paripé era porque no se veía capaz de aguantar las críticas por ser maricón. Sí, estaban en el siglo XXI y España había cambiado mucho, ahora había maricones por todos lados, la televisión era un hervidero de ellos, pero en aquel pueblo no había una sola mujer u hombre que no hubiese tenido que abandonarlo si se había descubierto algún amorío carnal con alguien del mismo sexo. Nadie les pegaba ni les quemaban la casa como a las brujas pero todo cambiaba. La repudia del pueblo se convertía en una losa que caía sobre las espaldas del pobre desviado y todo terminaba en salida por najas. Así había ocurrido las dos únicas ocasiones que había conocido y el no quería ser el tercero.


Pero ya le daba igual. A su edad no se iría del lugar. Ya había pasado toda su vida ocultando aquel problema y ya no le daba gana seguir con aquella farsa. Virgilio sería el primero de muchos, de todos, arriesgaba su amistad, lo más preciado que tenía, pero él ya no fingiría más.

Así que bajo la sombra de una higuera esperó sentado a que Virgilio volviese de abrir las acequias para que el agua regase las fincas de su hermana Amparo. Cuando lo vio venir le temblaban las manos y las piernas pero consiguió ponerse de pié y cuando Virgilio llegó a su altura se lo soltó sin esperar a saludarse.

- Virgilio, tengo algo que decirte y es mejor que no digas nada hasta que no termine. - tomó airé y soltó - Soy maricón y me da igual si te cabreas o no pero que sepas que yo no quiero que dejemos de ser amigos.
Virgilio se mantuvo callado unos segundos con la vista clavada en el suelo, miró a los ojos del  que había sido su mejor amigo desde la infancia y retirándose el cigarro de la boca a la vez que levantaba las cejas le espetó:

- Ya era hora… Eso sí, no me cabrearé mientras que no se te ocurra meterle mano a otro del pueblo que no sea yo… ¡guapetón!




viernes, 7 de febrero de 2014

63 cuerpos

Hambre.

Hambre. Y sed.

Hambre. Y sed. Y frio.

Hambre. Y sed. Y frio. Y miedo.

Mucho miedo.

De repente, Tierra.

El avistamiento lo anuncia a gritos una joven de ébano señalando el horizonte mientras se asegura de sostener a su bebé entre los brazos. La noticia hace que la barca se agite violentamente ante los nerviosos movimientos de los demás tripulantes. Aún a riesgo de ser detectados todos revientan su estado de tensión con gritos de alegría y sollozos. Aun están demasiado lejos, es noche cerrada y tan sólo se ven luces de lo que parece un pueblo pero no hay duda, es Tierra, la travesía del océano se está acabando.

El bebé de la joven tiene apenas tres semanas de vida, cuatro días los lleva en el mar. A la madre no le salieron bien las cuentas. Había calculado el viaje con la intención de que naciese en territorio español pero el parto se adelantó. Nadie de su familia sabe de su existencia y aunque hubiese querido pagar a alguien para que le dejase usar un telefono y dar la noticia, no hay quien recoja la llamada, nadie de su familia cuenta con un teléfono al que llamar. Pero eso ahora no importa. Están en una patera con otros 61 desamparados más, tan sólo a unos pocos kilómetros de las playas españolas.

Sabía que las posibilidades de llegar a Europa eran muy reducidas, pero ahora hay Tierra ahí delante.

Hambre. Y Sed. Y frio. Y mucho miedo. Pero Tierra.


- Tierra. Mira cariño, Tierra.

Y sin avisar Esperanza rompe a  reír en brazos de su madre.



 

jueves, 6 de febrero de 2014

Morpheo

Sus hermanos decían de él que era un voyeur. Creían que los sueños de los humanos sólo estaban llenos de escenas de SEXO. SEXO con mayúsculas. Suponían que era sexo violento, sexo dulce, sexo rápido, sexo apasionado... cabía todo tipo de sexo en los sueños.

Lo que no sabían sus hermanos era que el mundo onírico de los humanos no era así. No era el sexo lo que ocupaba la mayor parte del tiempo de sus sueños. Era la NATURALEZA. También así, con mayúsculas. Cierto que ya casi no había sueños de tótems de animales. Ni siquiera había sueños sobre el disfrute de paraísos naturales. No eran sueños de gente corriendo por la pradera, o nadando en un mar azul en calma. Ni siquiera eran sueños de ellos mismos volando. Eran sueños referentes a sus propias NATURALEZAS.

Los sueños de los humanos desde siempre sólo respondían a preguntas sobre lo que eran, sobre lo qué les movía, sobre lo que les hacía ser como eran. Claro que como decían sus hermanos dentro de esos sueños había sexo pero no más que sentimientos, sensaciones, miedos, anhelos, preguntas o respuestas. En los sueños uno podía encontrar de todo.


Morpheo era el Señor de los Sueños y como tal a él le correspondía velar por que ninguno de los sueños de los hombres se perdiese. Por eso los tenía todos. El no era un voyeur. El era un coleccionista. Un bibliotecario que disfrutaba acunando cada sueño. Morpheo se extasiaba cada vez que descubría un nuevo sueño, uno que ningún ser humano antes hubiese tenido. Algunos humanos eran especialmente ingeniosos con la creación de Sueños. El los llamaba "los artistas" aunque no necesariamente tenían que coincidir con los humanos que en la realidad se dedicaban al arte. Cualquiera podía ser un artista de sueños. Cada vez que encontraba a un artista creando un nuevo sueño Morpheo esperaba junto a él. Cuando el sueño terminaba Morpheo le ponía un nombre, lo catalogaba y lo almacenaba en su Biblioteca de los Sueños dispuesto a compartirlo con otros humanos cuando éstos no tuviesen nada que soñar.

Su trabajo era su obsesión. Disfrutaba con cada nuevo detalle que descubría en la NATURALEZA de los humanos. Creía que viendo sus sueños descubría su verdadera esencia, aunque nunca terminaba de comprenderles por completo. Lamentablemente eso hacía una cuantas décadas que había cambiado. Los humanos habían cambiado y la Biblioteca que antes rebosaba de música, de arte, de terror, de alegría y de sensaciones ahora parecía un banco. No lo parecía, lo era. Un banco repleto de sueños de dinero. Las partituras habían dejado paso a las cuentas corrientes, los colores del arcoíris habían sido cambiados por cheques en blanco al portador y los unicornios habían desaparecido cuando llegaron las tarjetas de crédito. Morpheo hacía años que había tenido que retirar de las primeras estanterías todos los demás sueños y almacenarlos al final de la Biblioteca para dejar sitio a la nueva NATURALEZA de los humanos. El DINERO, así, con mayúsculas.

Morpheo no estaba del todo seguro pero sospechaba que su Biblioteca no era ahora igual de bonita e interesante que antaño. Echaba de menos sueños como el del zoo de estrellas, o la pesadilla de las fuentes de las que manaban botones. Si bien era cierto que aun le quedaban sueños de colores éstos siempre eran los mismos, colores de billetes. La variedad de los nuevos sueños se había reducido. Ahora tenía tan poco trabajo que le daba tiempo a rebuscar entre los sueños incluso de los humanos más viejos. Tiempo atrás eran los primeros a los que desechaba ya que solían ser muy repetitivos y creía que ya los tenía todos en su Biblioteca pero ahora casi eran su única fuente de nuevas adquisiciones para su colección. Ellos le salvaban del tedio de ver siempre, una y otra vez, sueños referentes al dinero. En un principio pudo recurrir a los niños, que si bien tenían sueños muy simples, estos siempre eran novedosos y cargados de sensaciones fuertes. Pero ahora... Si al menos los padres no les diesen tan pronto la videoconsola...