Hasta hace 30 años el resto de europeos nos miraban a los españoles con la curiosidad típica de lo exótico, lo auténtico, lo rural. “Ispain is diferen” se decía que decían cuando hablaban de nosotros. Por lo visto lo hacían pensando en cosas como la manera de tomarnos la vida, nuestra forma de ser, la calidad de nuestras playas, nuestro clima o nuestra comida. Hoy en día dicen que dicen exactamente lo mismo sólo que ahora ya sabemos que lo que realmente dicen se escribe "Spain is different" y que ahora lo dicen pensando en asuntos tales como nuestro insostenible nivel de paro, nuestra elevada deuda, nuestro exageradísimo nivel de fraude a la hacienda pública o nuestra corrupta casta política. Si no sabes de lo que hablo echa un vistazoal artículo Yo soy español, español, español... versión 2013
Curiosamente, pese que para la mayoría de los europeos cumplo con esa imagen, ser un español medio no me convierte en una mala persona a ojos del resto de la sociedad española. Seguramente porque una gran parte de la sociedad participa también de estas cosas que nos critican y que sabemos son práctica común entre nosotros.
Pero eso no quiere decir que lo que hacemos esté bien. No lo está y somos conscientes de que cada vez que lo hagamos estaremos perjudicando al resto de la sociedad en la que vivimos y por ello nos estaremos perjudicando a nosotros mismos.
Ese es mi presente y ese ha sido mi pasado, pero eso no me deslegitima para querer cambiar el futuro. He decidido que mi futuro empieza hoy, ya, ahora mismo. Lo primero que haré será empezar el cambio por mí mismo. La solución no es pedir a papá Gobierno que haga leyes para que me impida caer en esas prácticas que he llevado hasta hoy día, para más tarde encontrar la manera de evitarlas. La solución está en que yo tenga claro el tipo de sociedad en la que quiero vivir y que, en base a ello, cambie mis ideas y acciones y así pueda mejorarla. La solución continua porque justo después de empezar por mi mismo reclame lo mismo a quien convive conmigo para que juntos exijamos a su vez lo mismo a los nos rodean. Así entre todos podremos impulsar el cambio de esta sociedad que claramente hace aguas en su concepto más básico.
Pero todo esto no podrá llevarse a cabo si no conseguimos que los políticos cumplan con esa idea de sociedad. Hago hincapié en los políticos porque ellos son los que tienen la sartén por el mango. Por nuestras propias leyes son ellos los únicos que ostentan el poder de cambiar las cosas. Nos mienten, dicen que en democracia el poder reside en el pueblo pero ellos han hecho lo imposible para conseguir que no sea así. Han relegado en el pueblo la capacidad de elegir al que está en el poder pero desde el momento en que los elegidos no ajustan sus políticas a sus promesas electorales están quitándonos el derecho a decidir lo que queremos que sea este país y se lo están quedando ellos. ¿Qué poder decidir sobre lo que conviene a mi sociedad tengo si aquel al que elijo en representación mía hace lo contrario de aquello por lo que le elegí?
No nos engañemos, la guerra de clases llevada a cabo en el siglo XX está muy lejos de haberse acabado y nada cambiará en este país si los políticos no cambian antes. No sólo hablo de un cambio de actitud, hablo de un cambio de personas. Dado que los privilegios que tienen son muchos y muy atractivos y que sus actitudes y acciones distan mucho de demostrar que apoyan ningún cambio social que altere su actual estatus, mucho me temo que no bastará con pedirles amablemente que dejen sus puestos para que otros nuevos los ocupen. Además ellos ostentan también el poder judicial ya que eligen a los jueces que tienen la última palabra en los asuntos más importantes, con lo que rompen la división de poderes necesaria para que este sistema que tenemos pueda funcionar correctamente. Como también controlan el sistema electoral no es admisible eso de que “crea un partido y preséntate tú, a ver qué consigues”. Hablamos de organizaciones mafiosas, sería demasiado decir que siguen siendo partidos políticos, que reciben enormes cantidades de dinero público para sus campañas, capaces de conseguir muchísimo más dinero por las aportaciones de sus “benefactores secretos” y capaces de sacar decenas de millones de euros en contabilidad B con la que jugar sucio. ¿De veras alguien se cree que alguien presentarse a competir con ellos en unas elecciones en igualdad de condiciones? No se que me hace pensar que los políticos no están por la labor de que nada de eso pase y que si queremos que algo cambie deberemos obligarles a que lo dejen. Pero si lo hacemos debemos ser conscientes del paso siguiente, deberemos obligar a quienes los sustituyan a que cumplan con lo que se esperaba de estos y que no han cumplido. Y lo más importante de todo es que debemos ser conscientes de que quien
más tendrá que trabajar para que todo eso se cumpla somos nosotros
mismos, que nos debemos obligar a seguir nuestras reglas
autoimpuestas y deberemos velar por obligar a los demás y en especial a
quien nos gobierna a que las cumplan. No puede volver a pasar que nos desentendamos de nuestra obligación de ciudadanos a participar activamente en lo que nos atañe a todos y a ejercer el control sobre quien gobierna.
Podemos hacer dos cosas. Podemos dejar que la situación siga igual que está y que a España se la reconozca internacionalmente por ser sospechosa de hacer trampas en todo, hasta en las victorias de nuestros deportistas, o tratar de cambiarlo para que volvamos a estar orgullosos de ser “DIFFERENT”.
"Hay gentes tan llenas de sentido común, que no les queda el más pequeño rincón para el sentido propio".
Miguel de Unamuno (1864-1936) Filósofo y escritor español.
martes, 31 de diciembre de 2013
España versión 2013
Este artículo lo he copiado en su gran mayoría de uno que encontré por Facebook. Aun así, como todo lo que encuentro por la vida, le he modificado para que se ajuste a mi forma de ver la situación. Dado que no conozco al autor original del texto no lo cito pero desde aquí sí le agradezco que haya redactado estas líneas y me disculpo si no le hace gracia que lo modifique y lo comparta desde aquí.
1. Que un antidisturbios te pegue injustificadamente no es delito. Que alguien lo grabe y lo difunda sí lo es.
2. Que un banco rescatado te desahucie no es delito. Ocupar una sucursal bancaria rescatada con dinero de todos y protestar por sus desahucios: hasta seis meses de prisión.
3. Cargarse la sanidad y la educación públicas no es delito. Interrumpir el transporte público: hasta dos años de prisión.
4. Que la policía abuse de su autoridad y emplee la violencia no es delito. Resistirse a la autoridad: hasta cuatro años de prisión.
5. Que los políticos agredan con sus reformas a millones de personas no es delito. Que una persona visite la calle de un político y le grite lo que opina de él: hasta seis años de prisión.
6. Incumplir el programa electoral por el cual ha sido votado un gobernante y mentir sistemáticamente en repetidas ocasiones no es delito. Exigir al político que cumpla con su trabajo o dimita: inútil.
7. Desfalcar al estado con adjudicaciones a dedo a cambio de “donaciones” y llevar una contabilidad B durante años no es delito. Decir que por ello este país es una mierda: Hasta 30000 euros de multa.
8. Ser hija del Rey y decir que uno no sabe lo que firma para escapar de una acusación de fraude no es delito (ni siquiera imputable). Decir que por ello la corona es una pestilente y anacrónica banda de chupópteros profesionales podría costarte una pena de 24 meses de prisión.
9. Liquidar la ley de dependencia y dejar sin recursos a gente que no se valen por sí mismos no es delito: Ejecutar un aborto con el consentimiento de una madre sin recursos para hacerse cargo de un futuro individuo dependiente: 1 a 3 años de cárcel.
10. Consentir la manipulación de precios en el sector energético durante años (hasta que comenten un error flagrante y la población se entera) y tener en sus consejos de administración a multitud de ex diputados que cruzaron la puerta giratoria no es delito: Manipular el contador para que no haga la lectura correcta del consumo: 1 a 6 años de prisión por delito de estafa.
Y todavía habrá quien siga gritando con orgullo aquello de "yo soy español, español, español...".
España versión 2013
1. Que un antidisturbios te pegue injustificadamente no es delito. Que alguien lo grabe y lo difunda sí lo es.
2. Que un banco rescatado te desahucie no es delito. Ocupar una sucursal bancaria rescatada con dinero de todos y protestar por sus desahucios: hasta seis meses de prisión.
3. Cargarse la sanidad y la educación públicas no es delito. Interrumpir el transporte público: hasta dos años de prisión.
4. Que la policía abuse de su autoridad y emplee la violencia no es delito. Resistirse a la autoridad: hasta cuatro años de prisión.
5. Que los políticos agredan con sus reformas a millones de personas no es delito. Que una persona visite la calle de un político y le grite lo que opina de él: hasta seis años de prisión.
6. Incumplir el programa electoral por el cual ha sido votado un gobernante y mentir sistemáticamente en repetidas ocasiones no es delito. Exigir al político que cumpla con su trabajo o dimita: inútil.
7. Desfalcar al estado con adjudicaciones a dedo a cambio de “donaciones” y llevar una contabilidad B durante años no es delito. Decir que por ello este país es una mierda: Hasta 30000 euros de multa.
8. Ser hija del Rey y decir que uno no sabe lo que firma para escapar de una acusación de fraude no es delito (ni siquiera imputable). Decir que por ello la corona es una pestilente y anacrónica banda de chupópteros profesionales podría costarte una pena de 24 meses de prisión.
9. Liquidar la ley de dependencia y dejar sin recursos a gente que no se valen por sí mismos no es delito: Ejecutar un aborto con el consentimiento de una madre sin recursos para hacerse cargo de un futuro individuo dependiente: 1 a 3 años de cárcel.
10. Consentir la manipulación de precios en el sector energético durante años (hasta que comenten un error flagrante y la población se entera) y tener en sus consejos de administración a multitud de ex diputados que cruzaron la puerta giratoria no es delito: Manipular el contador para que no haga la lectura correcta del consumo: 1 a 6 años de prisión por delito de estafa.
Y todavía habrá quien siga gritando con orgullo aquello de "yo soy español, español, español...".
Yo soy español, español, español... versión 2013
Yo conozco a un español que sistemáticamente defrauda a Hacienda.
Yo conozco a un español que pide sus facturas sin IVA.
Yo conozco a un español que hace sus facturas sin IVA.
Yo conozco a un español que cobra en B.
Yo conozco a un español que paga en B.
Yo conozco a un empresario español que tiene a gente trabajando sin contrato.
Yo conozco a un trabajador español que pide trabajo pero no quiere que le hagan contrato.
Yo conozco a un español que trabaja por su cuenta y no paga autónomos.
Yo conozco a un español que trabaja y está apuntado al paro al mismo tiempo.
Yo conozco a un español que se organiza laboralmente para poder vivir el mayor tiempo posible de subvenciones y no de su trabajo.
Yo conozco a un español que tiene propiedades alquiladas y no declara lo que cobra por ellas.
Yo conozco a un español que siempre veranéa de alquiler y nunca ha pedido factura de su pago.
Yo conozco a un español que escrituró su vivienda por mucho menos de lo que pagó por ella.
Yo conozco a un español que vendió su vivienda y declaró haber cobrado mucho menos de lo que cobró por ella.
Yo conozco a un español que...
Ese español… ¿Soy yo? ¿Eres tú? ¿Es mi vecino? ¿Es el tuyo?
Sinceramente… ¿A cuántos españoles conoces que se ajustan a alguna de esas situaciones?
¿Es como para sentirse orgulloso de ser español?
Yo conozco a un español que pide sus facturas sin IVA.
Yo conozco a un español que hace sus facturas sin IVA.
Yo conozco a un español que cobra en B.
Yo conozco a un español que paga en B.
Yo conozco a un empresario español que tiene a gente trabajando sin contrato.
Yo conozco a un trabajador español que pide trabajo pero no quiere que le hagan contrato.
Yo conozco a un español que trabaja por su cuenta y no paga autónomos.
Yo conozco a un español que trabaja y está apuntado al paro al mismo tiempo.
Yo conozco a un español que se organiza laboralmente para poder vivir el mayor tiempo posible de subvenciones y no de su trabajo.
Yo conozco a un español que tiene propiedades alquiladas y no declara lo que cobra por ellas.
Yo conozco a un español que siempre veranéa de alquiler y nunca ha pedido factura de su pago.
Yo conozco a un español que escrituró su vivienda por mucho menos de lo que pagó por ella.
Yo conozco a un español que vendió su vivienda y declaró haber cobrado mucho menos de lo que cobró por ella.
Yo conozco a un español que...
Ese español… ¿Soy yo? ¿Eres tú? ¿Es mi vecino? ¿Es el tuyo?
Sinceramente… ¿A cuántos españoles conoces que se ajustan a alguna de esas situaciones?
¿Es como para sentirse orgulloso de ser español?
martes, 30 de julio de 2013
¿Qué más ha de pasar?
Un mundo dirigido para satisfacer los deseos de menos de un 0.1% de la población mundial.
Un continente en declive que ya no cree en los ideales que le mantuvieron a salvo de guerras y unido durante medio siglo anterior.
Un pais donde cumplir a rajatabla con la ley es de palurdos.
Un estado donde la división de poderes jamás tuvo efecto y donde ahora a la justicia ni se la ve ni se la espera.
Una sociedad entregada al manejo de sus partidos políticos.
Unos partidos con políticos entrenados para fomentar el clientelismo.
Unos políticos al servicio de las fuerzas económicas y no de a quienes representan.
Una economía con más de un 25% de paro.
Un paro producido en buena parte por pérdidas importantes en derechos laborales.
Unos derechos pisoteados en pro de mantener satisfechos a los mercados.
Unos mercados que han colapsado tras desmanes producidos por los cambios legislativos hechos a espalda de los ciudadanos.
Unos ciudadanos que han pasado a ver en riesgo lo poco que han conseguido tras años de esfuerzo, sus casas hipotecadas.
Unas casas hipotecadas que están sirviendo para justificar el desvío de ingentes cantidades de dinero hacia los responsables de este colapso.
Un colapso producido por unos cuantos bancos dirigidos por potentados que se dedican a jugar a ver quien gana más haciendo menos.
Unos potentados que han puesto su mirada sobre los pocos servicios públicos que el estado presta.
Unos servicios públicos que van camino de desaparecer para beneficio de menos del 0.1% de la población mundial.
¿Qué más ha de pasar para que los ciudadanos del España reaccionen?
Un continente en declive que ya no cree en los ideales que le mantuvieron a salvo de guerras y unido durante medio siglo anterior.
Un pais donde cumplir a rajatabla con la ley es de palurdos.
Un estado donde la división de poderes jamás tuvo efecto y donde ahora a la justicia ni se la ve ni se la espera.
Una sociedad entregada al manejo de sus partidos políticos.
Unos partidos con políticos entrenados para fomentar el clientelismo.
Unos políticos al servicio de las fuerzas económicas y no de a quienes representan.
Una economía con más de un 25% de paro.
Un paro producido en buena parte por pérdidas importantes en derechos laborales.
Unos derechos pisoteados en pro de mantener satisfechos a los mercados.
Unos mercados que han colapsado tras desmanes producidos por los cambios legislativos hechos a espalda de los ciudadanos.
Unos ciudadanos que han pasado a ver en riesgo lo poco que han conseguido tras años de esfuerzo, sus casas hipotecadas.
Unas casas hipotecadas que están sirviendo para justificar el desvío de ingentes cantidades de dinero hacia los responsables de este colapso.
Un colapso producido por unos cuantos bancos dirigidos por potentados que se dedican a jugar a ver quien gana más haciendo menos.
Unos potentados que han puesto su mirada sobre los pocos servicios públicos que el estado presta.
Unos servicios públicos que van camino de desaparecer para beneficio de menos del 0.1% de la población mundial.
¿Qué más ha de pasar para que los ciudadanos del España reaccionen?
jueves, 17 de marzo de 2011
La pista
Causó a todos gran impresión ver como los médicos la sacaban teniendo extremo cuidado de evitar los movimientos de su cuello. Sus tan sólo diecisiete sacrificados años bien merecían ese esmero. Al tiempo, Adrián se dejaba deslizar inerme tras ella, mientras rezaba sin voz porque aquella caída no supusiese lesión tan grave como el golpe presagiaba.
El público no supo si despedirles con tímidos aplausos o con respetuoso silencio y la entrada en pista de la siguiente pareja pasó sin pena ni gloria, todos más pendientes de Irina que de lo que se reanudaba en el hielo.
El público no supo si despedirles con tímidos aplausos o con respetuoso silencio y la entrada en pista de la siguiente pareja pasó sin pena ni gloria, todos más pendientes de Irina que de lo que se reanudaba en el hielo.
viernes, 29 de agosto de 2008
Con una maleta y un perro.
Con una maleta y un perro. Cristina había pensado en esa frase antes, quizás tras oírla en alguna canción, quizás tras leerla en un libro, pero nunca pensó que las imágenes que le generaban aquellas palabras iban a materializarse ante ella como si de un espejismo se tratase.
Cristina terminaba sus vacaciones y volvía para Madrid. Acababa de entrar en una vieja estación de uno de tantos pequeños pueblos de Zamora. Era una estación a la que la modernidad le había cogido con el paso cambiado y que todavía mostraba cierta resistencia a desaparecer pese falta de uso.
Allí un hombre mayor al que le calculó unos 70 años, permanecía en el vacio andén dirigiendo su mirada hacia el infinito, donde las líneas rectas que formaban los raíles se convertían en un punto perdido en el horizonte. No había curvas que hicieran perder el curso de la vía, ni para un lado ni para el otro, lo que hacía imposible que el tren sorprendiera repentinamente al esperanzado viajero llegando a pitido desatado hasta el andén. Pese a eso el anciano no quitaba la vista de aquel punto como si esperase que el tren surgiese de la nada. Estaba calvo, tenía la frente muy ancha lo que no impedía que su pequeña estatura destacase. Sus ropas eran muy humildes y desfasadas, acordes con la estación. En su mano derecha se columpiaba una pequeña maleta verde oliva. Por su aspecto había sido muy usada y estaba pidiendo a gritos que la dejasen descansar definitivamente. No parecía que le pesase mucho, el hombre la sujetaba sólo con un par de dedos de tal forma que podía cambiar unos por otros jugueteando con el asa, lo que producía el ligero vaivén que parecía dormir a la maleta.
Junto a ellos un perro. Uno cualquiera, de esos sin marca ni pedigrí. De los que parecen acompañar a alguien por el mero placer de disfrutar de su compañía. El perro estaba suelto, libre de ir y venir si así lo deseaba, pero estaba claro que no tenía intención alguna de abandonar la compañía del anciano. Era de tamaño medio, ni muy grande ni muy pequeño. Su color quedaba difuminado en la extensa gama de los marrones, ninguna definición se ajustaba mejor. Tampoco tenía mancha especial que le identificase salvo un ligero aclarado entre el pecho y el comienzo de la mandíbula. Orejas caídas y morro corto y grueso pero no como el de los feos bulldog que tan de moda se estaban poniendo en el pijo barrio de Cristina, allí en Madrid. El perro estaba sentado sobre uno de sus cuartos traseros, dejando las patas hacia el lado opuesto. Jadeaba ligeramente con la lengua asomando entre los dientes mientras miraba sin mucho interés el mobiliario de la estación.
Aquella imagen la sobresaltó. Le sorprendió reconocer que ya se la había imaginado antes. No era un "dejavú" de esos que a veces tenía, sabía que aquello no lo había vivido anteriormente, pero era muy consciente de que lo había imaginado tal y como lo estaba viendo. Tan turbadora fue la impresión que le dejó que más tarde, ya en el tren, se pasó todo el viaje de regreso a Madrid intentando plasmar aquella imagen en un pequeño bloc que llevaba en su mochila. Trataba de reflejar cada detalle, cada preciso fragmento de aquel momento. Pensó haber sido tonta al no acordarse de retratarlo con la cámara del móvil pero a la vez reconocía que aquel instante merecía algo más que un frio retrato pixelado. Y mientas dibujaba reproducía mentalmente la breve conversación que tuvieron mientras ella subía al tren recién este llegó.
- Que majo es. ¿Muerde? – dijo Cristina mientras se dejaba olisquear la pantorrilla por el perro.
- … N… No. No. Sólo cuando come – le contestó el anciano sorprendido por su presencia en el andén pese a llevar allí varios minutos.
- No estoy segura pero no creo que le dejen subir al tren con el perro –le dijo con lástima.
- Eso le digo yo todos los días pero no quiere hacerme caso y se empeña en venir siempre – contesto el anciano mientras miraba al perro y este le devolvía la mirada.
- Pero… entonces… lo va usted a dejar aquí. ¿No hay nadie que se lo lleve?
- No, claro que no, yo no me voy a ningún sitio – dijo él.
- ¿No va usted para Madrid?
- Uy no, hija… Vengo por si él quiere marcharse, pero nunca coge el tren. Creo que en realidad no se quiere ir, y ya solo me hace venir aquí por fastidiarme.
Y coincidiendo con el silbato del tren el perro se levantó y mirando al anciano comenzó a andar por el andén seguido por este, con lo que se dio por terminada la conversación. Ambos giraron tomando la dirección hacia la salida de la estación, dejando a Cristina una intensa e irreconocible sensación.
Cristina no pudo dejar de mirarles mientras el tren se ponía en marcha. De espaldas el anciano aun parecía más pequeño todavía pero ahora del trío emanaba un aura que antes Cristina no percibía. Era un aura de soledad, pero no una soledad malsana si no la del que no necesita de nadie más, del que sabe lo que lo tiene todo consigo. La que tienen un anciano, una maleta y un perro, a los que no les importa donde tengan que ir con tal de que vayan los tres juntos.
Cristina terminaba sus vacaciones y volvía para Madrid. Acababa de entrar en una vieja estación de uno de tantos pequeños pueblos de Zamora. Era una estación a la que la modernidad le había cogido con el paso cambiado y que todavía mostraba cierta resistencia a desaparecer pese falta de uso.
Allí un hombre mayor al que le calculó unos 70 años, permanecía en el vacio andén dirigiendo su mirada hacia el infinito, donde las líneas rectas que formaban los raíles se convertían en un punto perdido en el horizonte. No había curvas que hicieran perder el curso de la vía, ni para un lado ni para el otro, lo que hacía imposible que el tren sorprendiera repentinamente al esperanzado viajero llegando a pitido desatado hasta el andén. Pese a eso el anciano no quitaba la vista de aquel punto como si esperase que el tren surgiese de la nada. Estaba calvo, tenía la frente muy ancha lo que no impedía que su pequeña estatura destacase. Sus ropas eran muy humildes y desfasadas, acordes con la estación. En su mano derecha se columpiaba una pequeña maleta verde oliva. Por su aspecto había sido muy usada y estaba pidiendo a gritos que la dejasen descansar definitivamente. No parecía que le pesase mucho, el hombre la sujetaba sólo con un par de dedos de tal forma que podía cambiar unos por otros jugueteando con el asa, lo que producía el ligero vaivén que parecía dormir a la maleta.
Junto a ellos un perro. Uno cualquiera, de esos sin marca ni pedigrí. De los que parecen acompañar a alguien por el mero placer de disfrutar de su compañía. El perro estaba suelto, libre de ir y venir si así lo deseaba, pero estaba claro que no tenía intención alguna de abandonar la compañía del anciano. Era de tamaño medio, ni muy grande ni muy pequeño. Su color quedaba difuminado en la extensa gama de los marrones, ninguna definición se ajustaba mejor. Tampoco tenía mancha especial que le identificase salvo un ligero aclarado entre el pecho y el comienzo de la mandíbula. Orejas caídas y morro corto y grueso pero no como el de los feos bulldog que tan de moda se estaban poniendo en el pijo barrio de Cristina, allí en Madrid. El perro estaba sentado sobre uno de sus cuartos traseros, dejando las patas hacia el lado opuesto. Jadeaba ligeramente con la lengua asomando entre los dientes mientras miraba sin mucho interés el mobiliario de la estación.
Aquella imagen la sobresaltó. Le sorprendió reconocer que ya se la había imaginado antes. No era un "dejavú" de esos que a veces tenía, sabía que aquello no lo había vivido anteriormente, pero era muy consciente de que lo había imaginado tal y como lo estaba viendo. Tan turbadora fue la impresión que le dejó que más tarde, ya en el tren, se pasó todo el viaje de regreso a Madrid intentando plasmar aquella imagen en un pequeño bloc que llevaba en su mochila. Trataba de reflejar cada detalle, cada preciso fragmento de aquel momento. Pensó haber sido tonta al no acordarse de retratarlo con la cámara del móvil pero a la vez reconocía que aquel instante merecía algo más que un frio retrato pixelado. Y mientas dibujaba reproducía mentalmente la breve conversación que tuvieron mientras ella subía al tren recién este llegó.
- Que majo es. ¿Muerde? – dijo Cristina mientras se dejaba olisquear la pantorrilla por el perro.
- … N… No. No. Sólo cuando come – le contestó el anciano sorprendido por su presencia en el andén pese a llevar allí varios minutos.
- No estoy segura pero no creo que le dejen subir al tren con el perro –le dijo con lástima.
- Eso le digo yo todos los días pero no quiere hacerme caso y se empeña en venir siempre – contesto el anciano mientras miraba al perro y este le devolvía la mirada.
- Pero… entonces… lo va usted a dejar aquí. ¿No hay nadie que se lo lleve?
- No, claro que no, yo no me voy a ningún sitio – dijo él.
- ¿No va usted para Madrid?
- Uy no, hija… Vengo por si él quiere marcharse, pero nunca coge el tren. Creo que en realidad no se quiere ir, y ya solo me hace venir aquí por fastidiarme.
Y coincidiendo con el silbato del tren el perro se levantó y mirando al anciano comenzó a andar por el andén seguido por este, con lo que se dio por terminada la conversación. Ambos giraron tomando la dirección hacia la salida de la estación, dejando a Cristina una intensa e irreconocible sensación.
Cristina no pudo dejar de mirarles mientras el tren se ponía en marcha. De espaldas el anciano aun parecía más pequeño todavía pero ahora del trío emanaba un aura que antes Cristina no percibía. Era un aura de soledad, pero no una soledad malsana si no la del que no necesita de nadie más, del que sabe lo que lo tiene todo consigo. La que tienen un anciano, una maleta y un perro, a los que no les importa donde tengan que ir con tal de que vayan los tres juntos.
miércoles, 13 de agosto de 2008
Un blog “políticamente incorrecto”
Eso es una máxima en mis aspiraciones con este blog, la de llamar a cada cosa por su nombre sin miedo a resultar ofensivo, agresivo o falto de tacto con los demás. Vamos, lo que se llamaría ahora “no ser políticamente correcto”.
Esa actitud pusilánime y falta de todo valor es algo que me causa especial disgusto y actualmente estamos socialmente en un nivel máximo de miedo a la crítica por este tema.
La semana pasada en el periódico “El País.com” leí la siguiente noticia:
Un anuncio de la selección de baloncesto, acusado de racista
http://www.elpais.com/articulo/deportes/anuncio/seleccion/baloncesto/acusado/racista/elpepudep/20080813elpepudep_1/Tes
Desde Inglaterra y Estados Unidos algunos tabloides ponían el grito en el cielo y acusaban a los españoles de racistas, vista la foto que aquí dejo.

¿Acusados de racistas por salir en una foto simulando con los dedos tener rasgos chinos? ¿Pero es que estamos todos tontos? Hay que estar muy enfermo para querer ver un problema internacional donde no lo hay y este es un caso de esos. Y lo peor es que ya hay jugadores de la selección española que pidieron disculpas a quien se hubiese podido sentir ofendido. La leche…
En el mismo sentido de no herir sensibilidades hemos ido generacionalmente cambiando el nombre coloquial de las personas que padecen síndrome de Dawn porque el que le dábamos en cada momento nos ha ido pareciendo insuficientemente inofensivo. Hace 30 años se les llamaba subnormales o retrasados y antes se les llamaba “tontos” pero parece ser que ya no se pueden usar por resultar lesivas, pero uno acude al diccionario y encuentra:
subnormal .
1. adj. Dicho de una persona: Que tiene una capacidad intelectual notablemente inferior a lo normal. U. t. c. s.
retrasado, da.
(Del part. de retrasar).
1. adj. Dicho de una persona, de una planta o de un animal: Que no ha llegado al desarrollo normal de su edad.
2. adj. Dicho de una persona: Que no tiene el desarrollo mental corriente. U. t. c. s.
Parece obvio que un síndrome de Dawn es una persona que tiene una capacidad intelectual notablemente inferior a lo normal, que no ha llegado al desarrollo normal de su edad y que no tiene el desarrollo mental corriente. O sea, que en ningún caso, si uno usa dichas palabras para referirse a una persona con ese síntoma, está cometiendo agravio alguno. En el diccionario estas palabras no tienen una acepción como insulto pero es innegable que popularmente se convierten en un insulto cuando son referidos a personas “normales” o cuando se dicen despectívamente con intención de menosdespreciar a la persona síndrome de Dawn. Pero aun así siguen siendo palabras absolútamente válidas para nombrar a estas personas. Y con todo eso se cambiaron dichas palabras por disminuido psíquico, pero tampoco nos valía. Eso de disminuido… eso también era un insulto. Así que lo cambiamos por discapacitado mental, que parece que ya nos valía a todos. Pero ya he visto algún anuncio publicitario en el que se defiende la idea de que de discapacitados no tienen nada. O sea, que preveo que dentro de poco tampoco nos valdrá ese apelativo. ¿De veras que nadie se da cuenta de que es un absurdo buscar nombres “blancos” para evitar herir sensibilidades? ¿Acaso no estamos llevando a un extremo absurdo lo “políticamente correcto”.
Y ya el colmo de los colmos es la obsesión de los políticos de ser “políticamente correctos” con todos. Y con todas. Ojo, que nos dejábamos fuera a las féminas, que quizás no se veían integradas en ese “todos” y necesitaban un “todas” que las incluyese. Por eso se usan formas retorcidas del tipo “los vascos y las vascas”, “compañeros y compañeras” o “andaluces y andaluzas”. Y para rizar el rizo y la riza apareció la ministra de igualdad aportando su granito de arena al vocabulario español creando la entrada “miembras”, no fuese a ser que las mujeres no fueran a ser contadas dentro de la acepción “miembros” y la fuesen a tildar de “poco proactiva” en eso de la igualdad...
Por todo eso ahora al gordo se le llama "fuerte", a la escuchimizada "delgadita", al negro "de color" y a las putas "profesionales del sexo".
Lo políticamente correcto tiene un sentido, pero si se abusa de él, y ahora se está haciendo de forma continua, se cae en la cursilería, en el absurdo o diréctamente en la mentira. Y eso no va a tener cabida en este blog.
Esa actitud pusilánime y falta de todo valor es algo que me causa especial disgusto y actualmente estamos socialmente en un nivel máximo de miedo a la crítica por este tema.
La semana pasada en el periódico “El País.com” leí la siguiente noticia:
Un anuncio de la selección de baloncesto, acusado de racista
http://www.elpais.com/articulo/deportes/anuncio/seleccion/baloncesto/acusado/racista/elpepudep/20080813elpepudep_1/Tes
Desde Inglaterra y Estados Unidos algunos tabloides ponían el grito en el cielo y acusaban a los españoles de racistas, vista la foto que aquí dejo.

¿Acusados de racistas por salir en una foto simulando con los dedos tener rasgos chinos? ¿Pero es que estamos todos tontos? Hay que estar muy enfermo para querer ver un problema internacional donde no lo hay y este es un caso de esos. Y lo peor es que ya hay jugadores de la selección española que pidieron disculpas a quien se hubiese podido sentir ofendido. La leche…
En el mismo sentido de no herir sensibilidades hemos ido generacionalmente cambiando el nombre coloquial de las personas que padecen síndrome de Dawn porque el que le dábamos en cada momento nos ha ido pareciendo insuficientemente inofensivo. Hace 30 años se les llamaba subnormales o retrasados y antes se les llamaba “tontos” pero parece ser que ya no se pueden usar por resultar lesivas, pero uno acude al diccionario y encuentra:
subnormal .
1. adj. Dicho de una persona: Que tiene una capacidad intelectual notablemente inferior a lo normal. U. t. c. s.
retrasado, da.
(Del part. de retrasar).
1. adj. Dicho de una persona, de una planta o de un animal: Que no ha llegado al desarrollo normal de su edad.
2. adj. Dicho de una persona: Que no tiene el desarrollo mental corriente. U. t. c. s.
Parece obvio que un síndrome de Dawn es una persona que tiene una capacidad intelectual notablemente inferior a lo normal, que no ha llegado al desarrollo normal de su edad y que no tiene el desarrollo mental corriente. O sea, que en ningún caso, si uno usa dichas palabras para referirse a una persona con ese síntoma, está cometiendo agravio alguno. En el diccionario estas palabras no tienen una acepción como insulto pero es innegable que popularmente se convierten en un insulto cuando son referidos a personas “normales” o cuando se dicen despectívamente con intención de menosdespreciar a la persona síndrome de Dawn. Pero aun así siguen siendo palabras absolútamente válidas para nombrar a estas personas. Y con todo eso se cambiaron dichas palabras por disminuido psíquico, pero tampoco nos valía. Eso de disminuido… eso también era un insulto. Así que lo cambiamos por discapacitado mental, que parece que ya nos valía a todos. Pero ya he visto algún anuncio publicitario en el que se defiende la idea de que de discapacitados no tienen nada. O sea, que preveo que dentro de poco tampoco nos valdrá ese apelativo. ¿De veras que nadie se da cuenta de que es un absurdo buscar nombres “blancos” para evitar herir sensibilidades? ¿Acaso no estamos llevando a un extremo absurdo lo “políticamente correcto”.
Y ya el colmo de los colmos es la obsesión de los políticos de ser “políticamente correctos” con todos. Y con todas. Ojo, que nos dejábamos fuera a las féminas, que quizás no se veían integradas en ese “todos” y necesitaban un “todas” que las incluyese. Por eso se usan formas retorcidas del tipo “los vascos y las vascas”, “compañeros y compañeras” o “andaluces y andaluzas”. Y para rizar el rizo y la riza apareció la ministra de igualdad aportando su granito de arena al vocabulario español creando la entrada “miembras”, no fuese a ser que las mujeres no fueran a ser contadas dentro de la acepción “miembros” y la fuesen a tildar de “poco proactiva” en eso de la igualdad...
Por todo eso ahora al gordo se le llama "fuerte", a la escuchimizada "delgadita", al negro "de color" y a las putas "profesionales del sexo".
Lo políticamente correcto tiene un sentido, pero si se abusa de él, y ahora se está haciendo de forma continua, se cae en la cursilería, en el absurdo o diréctamente en la mentira. Y eso no va a tener cabida en este blog.
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